Para cumplir sus metas, empresas y entidades deben tener muy claro los tipos de público a los que se dirigen sus productos o servicios, puesto que solo así es posible diseñar una oferta que resulte realmente atractiva.

La tipología de público afecta de manera significativa a muchas de las decisiones y a las estrategias que hay que poner en marcha: marketing, política de precios, diseño de nuevos productos o servicios, etc. En este sentido, las instituciones culturales no son una excepción. Si desean captar el interés del público, tienen que tener claro primero cómo es la audiencia cultural.

Aficionados 

Uno de los tipos de público más importantes de las instituciones culturales está compuesto por aquellas personas que aman el arte y la cultura, y desean sumergirse de lleno en las diferentes formas en las que la creatividad humana se manifiesta.

Son personas con curiosidad y, aunque pueden tener ciertas preferencias, no se cierran a disfrutar de otras manifestaciones culturales.

Buscan adentrarse en la subjetividad de la obra que tienen delante, estableciendo una conexión emocional con la creatividad. Esto les lleva a desear una participación más activa en los eventos culturales. Por ejemplo, uniéndose a foros de debate, acudiendo a conferencias e incluso convirtiéndose en coleccionistas. 

Su entusiasmo los acaba convirtiendo en buenos embajadores de la cultura, por lo que son un tipo de público a tener muy en cuenta. Se trata de un grupo muy heterogéneo dentro del que podemos encontrar personas de todas las edades, con un nivel académico medio-alto.

Estudiantes y académicos

Este segmento incluye a personas que, por razones profesionales o académicas, quieren ampliar sus conocimientos sobre determinadas áreas de la cultura. Esto hace que su visita a instituciones culturales esté impulsada por el ansia de conocimiento y la oportunidad de profundizar en temas específicos.

Más allá de la estética, les interesa conocer más sobre las obras apreciadas y su contexto, así como desarrollar perspectivas críticas. Por eso, valoran más aquellas exposiciones y eventos con un corte más académico y enriquecedor.

Es habitual que tiendan hacia un enfoque multidisciplinario, expandiendo su interés a diferentes tipos de artes y muestras culturales interrelacionados entre sí.  Son participantes activos en simposios y seminarios, por lo que la organización de este tipo de eventos puede ser muy útil para fortalecer el vínculo que existe entre las instituciones culturales y el mundo académico.

Este segmento de público es también heterogéneo en cuanto a edades. Los estudiantes pueden ser adolescentes o adultos que ya están en la universidad y, por lo que respecta a los académicos, los hay de todas las edades. Dado que el nivel de conocimiento cultural suele ser alto, este es un público exigente.

Familias con niños

Las instituciones culturales son un lugar cada vez más frecuentado por familias con niños que buscan sumergir de lleno a los pequeños en actividades educativas y enriquecedoras. A fin de que vayan desarrollando su amor por el arte y la cultura.

Los niños y los adolescentes son un público “difícil” dentro de la audiencia cultural, porque pueden aburrirse rápidamente. Cuando una institución tiene a los más jóvenes entre su público, tiene que poner en marcha estrategias que logren atraer y retener el interés de las nuevas generaciones. De ahí que sea cada vez más habitual el diseño de exposiciones y eventos destinados directamente a los más jóvenes, que incluyen medidas como actividades interactivas o juegos.

Este público está conformado por parejas, o padres o madres de entre 30 y 50 años, con un nivel cultural medio-alto, que consideran esencial que sus hijos se instruyan culturalmente. Las edades de los niños van desde los 6 años hasta la adolescencia. 

Turistas culturales

Las instituciones culturales más importantes reciben visitantes llegados de todos los rincones del mundo. Hay un perfil de turista que centra sus viajes en el interés cultural o, al menos, intenta incluir siempre visitas culturales dentro de su itinerario.

El turista cultural se caracteriza por tener muchas ganas de aprender y de verlo todo, pero disponer de poco tiempo. Por lo tanto, valora mucho aquellas experiencias que le permiten sumergirse de lleno y aprender más sobre las costumbres y los eventos culturales de la zona que está visitando.

Aunque les encanta observar, se muestran más que dispuestos a participar. Para atraer a este tipo de público, es importante que las instituciones culturales sean capaces de ofrecerles experiencias significativas concentradas en poco tiempo, priorizando la calidad sobre la cantidad. Por ejemplo, con itinerarios muy concretos que permitan conocer las obras más significativas de un museo.

El grupo de turistas culturales es muy heterogéneo, puede haber extranjeros, pero también nacionales llegados desde otro punto del país. Normalmente, son personas de más de 35 años con un nivel formativo medio-alto y un claro interés hacia la cultura en sus diferentes manifestaciones.

Conocer los tipos de público que acuden a las instituciones culturales es esencial para diseñar campañas de marketing y comunicación que permitan conectar con estos perfiles, pero también para organizar eventos y todo tipo de actividades que puedan ser de su interés. Si te apasiona el campo de la gestión cultural, puedes convertirte en un experto en la materia con nuestro Máster de Gestión Cultural.

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