La cultura cumple un papel fundamental dentro de la sociedad, influyendo en el desarrollo humano y social. Tiene incidencia en la formación de la base de la identidad de los individuos a través de la lengua, las tradiciones y las expresiones artísticas, entre otras.

Además, la diversidad cultural enriquece las sociedades, al dotarlas de una mayor variedad de perspectivas que ayudan a comprender el mundo y a empatizar con las personas. Precisamente por eso, los derechos culturales han adquirido tanta importancia en los últimos años.

Qué es el derecho a la cultura

El derecho a la cultura es un concepto esencial dentro del marco de los derechos humanos, reconocido a nivel internacional en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y también en el ordenamiento jurídico de la gran mayoría de países.

No obstante, aunque se recogió oficialmente en 1948, hubo que esperar hasta la década de 1990 para que los derechos culturales tuvieran una aplicación realmente práctica, con el desarrollo de normativa específica que los protegiera.

El derecho a la participación en la vida cultural implica el reconocimiento del derecho que tienen todas las personas a disfrutar de las diferentes ramas del arte y de la educación cultural.

Cuáles son las características de este derecho

Un derecho es un poder o potestad que pertenece a un individuo. En el caso de derechos humanos, como el del acceso a la cultura, este pertenece a las personas por el mero hecho de ser seres humanos, y no pueden ser privadas de él.

Definir el contenido concreto de un derecho tan complejo como este que estamos analizando es más fácil si analizamos los elementos que lo caracterizan.

Universalidad

Este es un derecho que se aplica a todas las personas, con independencia de su origen étnico, de su género, su religión o cualquier otra característica de tipo personal.

Esto quiere decir que nadie puede ser discriminado ni limitado a la hora de acceder a las diferentes manifestaciones de la cultura.

Inalienable e irrenunciable

Que los derechos culturales sean inalienables implica que no pueden ser transferidos por su titular a otra persona, y tampoco se puede renunciar a los mismos.

Una persona podría decidir no participar en la vida cultural en un momento determinado, pero eso no implica que no pueda hacerlo en el futuro sin otro requisito que su propia voluntad. 

Diversidad cultural

Este derecho reconoce la diversidad cultural; es decir: la existencia de diferentes manifestaciones culturales, tradiciones y prácticas que deben ser respetadas por igual.

Por lo tanto, no solo protege el derecho subjetivo, sino también la cultura en sí misma, garantizando que esta va a ser respetada.

Acceso y participación

Incluye el derecho de las personas a acceder y participar de forma activa en la vida cultural de su comunidad, contribuyendo, si así lo desean, al proceso creativo y artístico en cualquier disciplina.

Educación cultural

Una característica esencial de estos derechos es que, para poder disfrutar de los mismos en su plenitud, los ciudadanos deben recibir una formación que les permita comprender y respetar la diversidad cultural.

Cómo se protegen los derechos culturales de la ciudadanía

Para que los ciudadanos puedan disfrutar del derecho a la cultura, es necesario que los poderes públicos adopten medidas de protección que garanticen la participación en la vida cultural de la sociedad.

Esa protección puede variar de unos países a otros, pero hay algunas fórmulas que resultan comunes en muchos lugares del mundo y que es importante conocer.

Reconocimiento legal

En España, como en muchos otros estados, el derecho de acceso a la cultura que tienen los ciudadanos está reconocido en su ordenamiento jurídico. En nuestro caso, la Constitución hace referencia a este tema.

Además, existen múltiples instrumentos legales internacionales de los que se derivan para los estados el compromiso de respetar y proteger los derechos culturales. Un ejemplo de ello es el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Protección del patrimonio cultural

Para que este derecho se pueda materializar, debe haber una cultura a la que se pueda acceder. Es la protección del patrimonio cultural la que se encarga de que obras de arte, monumentos históricos, tradiciones y otras manifestaciones culturales sigan vigentes durante siglos.

De hecho, en nuestro ordenamiento jurídico penal, se tipifican como delito aquellos actos que puedan suponer un daño para los elementos del patrimonio.

Protección de la libertad creativa y de expresión

La cultura está en constante evolución y se crea día a día. Para que pueda seguir creciendo y desarrollándose, es esencial un marco jurídico que proteja la libertad creativa y la libertad de expresión, así como normas que protejan los derechos de autor para dar el debido reconocimiento y compensación a los creadores de música, obras literarias, etc.

 

En definitiva, para proteger los derechos culturales, es necesario hacer una buena gestión de la cultura. Si quieres desarrollarte profesionalmente en este campo y contribuir a promover el acceso a la cultura, ya puedes formarte con nuestro Máster en Gestión Cultural.

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