Enfrentarse al reto de desarrollar un proyecto museográfico, es una tarea apasionante, donde las ideas deben transformarse en realidades.

Estamos ante un proceso de reflexión con una permanente relación entre la teoría y la práctica; donde la anticipación, la previsión y la resolución son conceptos vivos. Debemos hacer tangible lo intangible. Mantener una dimensión temporal, unos objetivos que cumplir y una finalidad. Donde la creatividad y la imaginación van de la mano de la autenticidad y la ejecución. Todo para conseguir que no perdamos de vista la relación entre lo que hay que hacer, lo que se quiere hacer y cómo se debe hacer, para así mantener controlados todos los parámetros que intervienen en un proyecto de estas características.

La museografía es la puesta en escena de una historia bien organizada, con una estructura similar a la de un cuento o una novela: presentación, desarrollo y fin. Para cuya narración es imprescindible que se tengan en consideración una serie de premisas que lleven a explicarla de una manera interesante y coherente, para así enganchar a los futuros visitantes, al igual que hace un escritor con sus lectores.

El punto de partida de cualquier proyecto museográfico está en responder a los contenidos; en analizar el espacio y el entorno concretos, en los que se mostrarán dichos contenidos, y en contextualizar todos los elementos que formarán parte del proyecto. Seguir estos pasos será garantía de éxito.

Aunque no existe un diseño concreto y cerrado a la hora de elaborar un proyecto museográfico, éste parte de tres premisas: Qué contar (el guion); dónde contarlo (el espacio) y con qué contarlo (los objetos). A partir de ahí se pueden dar múltiples versiones en función de: el equipo que lo vaya a desarrollar; el público al que vaya dirigido; los contenidos que vaya a mostrar; el presupuesto con el que contará; el tiempo de ejecución… y con ello, sin establecer un índice único, podemos determinar unas premisas esenciales que todo proyecto debe contener: una evaluación al principio y otra al final, unos objetivos que cumplir, unas estrategias de comunicación para conseguir los objetivos, unas acciones a realizar y unos recursos (físicos o humanos) para llevarlas a cabo, un público potencial, un cronograma de ejecución, un espacio físico que lo vaya a acoger y un presupuesto con el que ejecutarlo. Lo que nos da pie a establecer las siguientes fases:  

proyecto museografía

  1. Contenidos preliminares

Documento previo que incluye todos aquellos temas, conceptos e ideas que consideramos deben formar parte del proyecto; así como una relación de objetos, piezas, reproducciones…. También servirá para analizar los objetivos a conseguir, las condiciones para conseguirlos y una planificación de las tareas a realizar.

  1. El Diseño y su desarrollo

Seguidamente se realizará un trabajo de observación, comprensión y descripción de todo lo que formará parte del proyecto, incluyendo el espacio y los medios a emplear, pasando a a conformar el “proyecto de diseño”.

Tras el “proyecto de diseño” se definirán los contenidos de manera clara y precisa, a partir de una estructura o un esquema que llevará a cabo una exhaustiva puntualización del proyecto: croquis, planos de zonificación, planos de circulación, alzados… y todos aquellos elementos gráficos y textuales que consideremos necesarios para un desarrollo pormenorizado de los elementos que formarán parte del proyecto.

  1. Gestión de recursos

Es la fase más compleja, la que dará las claves para saber si el proyecto es factible o no, y de la que dependerá el éxito de su ejecución.

Además de los financieros, existen otros tipos de recursos: humanos, materiales, técnicos, logísticos… Saber cómo, cuándo y dónde gestionarlos es muy importante para materializar un proyecto. Se trata de un paso trascendental ya que sin recursos es imposible poder llevar a cabo un proyecto que trabaja buena parte del tiempo con intangibles.

  1. Producción/Ejecución

Solventados los puntos anteriores, entra en escena la fase en la que debe materializarse lo planteado. Donde los plasmado en un papel, una pantalla de ordenador o cualquier otro soporte físico o virtual, toma forma y se convierte en una realidad tangible: la ejecución. Para llevarla a cabo es muy importante atenerse a los objetivos planteados, sirviéndonos en todo momento del documento de ejecución como si fuera una carta de navegación. Es fundamental seguir las estrategias que se han ido definiendo y no desviarse del presupuesto, de esta manera habrá muchas posibilidades de éxito, ya que si no,  entramos en un terreno farragoso donde los márgenes de error serán habituales y descontrolados.

La importancia del proyecto museográfico

Una vez ejecutado, el proyecto será evaluado y estará listo para su apertura. Durante un tiempo es conveniente hacerle un seguimiento, por si necesita algún tipo de apoyo, como cuando los hijos (ya mayores) se van de casa y se les deja vivir su propia vida, pero sin perderlos de vista por si precisan de nuestra ayuda… en ambos casos debemos dejarlos enfrentarse a la realidad.

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