El documento Policy Handbook for CCIs in Non-Urban Areas es uno de los resultados principales del proyecto europeo IN SITU, dedicado a estudiar y promover la innovación territorial impulsada por las industrias culturales y creativas (ICC) en áreas rurales, periféricas y de baja densidad. El manual, publicado en julio de 2026, reúne cuatro años de investigación, entrevistas, laboratorios territoriales y elaboración de propuestas sobre política cultural y política de innovación, con las potencialidades y limitaciones de este tipo de proyectos. Su objetivo es orientar a responsables públicos, administraciones, organizaciones culturales y agentes locales para que puedan diseñar políticas adaptadas a las condiciones reales de los territorios no urbanos.
Su principal aportación consiste en cuestionar dos modelos tradicionales. Por una parte, critica las políticas culturales centradas en financiar actividades aisladas, acontecimientos puntuales o proyectos de corta duración. Por otra, cuestiona las políticas de innovación que identifican innovar casi exclusivamente con tecnología, empresas de alto crecimiento y resultados económicos fácilmente medibles. IN SITU propone entender la cultura como una capacidad territorial: una forma de conectar personas, instituciones, conocimientos, espacios y sectores para resolver problemas locales, generar cohesión social y crear nuevas posibilidades de desarrollo.
El problema de trasladar modelos urbanos al medio rural
Las políticas públicas suelen diseñarse tomando como referencia entornos urbanos dotados de organizaciones especializadas, personal técnico, redes profesionales, infraestructuras y capacidad administrativa. Sin embargo, estas condiciones no siempre existen en las áreas no urbanas, puesto que en estos territorios predominan las organizaciones pequeñas e híbridas, los profesionales a tiempo parcial, las personas que desempeñan simultáneamente distintas funciones y las colaboraciones informales entre cultura, educación, turismo, agricultura, patrimonio, medioambiente y economía social. La debilidad no suele encontrarse en la ausencia de actividad cultural, pues los datos señalan que en muchos territorios existen artistas, asociaciones, equipamientos, iniciativas ciudadanas y proyectos valiosos. El problema aparece cuando estas capacidades aparecen dispersas, dependen del esfuerzo individual y carecen de estructuras que permitan conectarlas y darles continuidad. Aplicar directamente un modelo urbano puede generar convocatorias inaccesibles, requisitos desproporcionados, proyectos poco vinculados al territorio o equipamientos que después no cuentan con personal y recursos para funcionar, y es algo que se puede entender solo por la tipología de audiencias y necesidades territoriales.

Policy Handbook for CCIs in Non-Urban Areas
Tres claves: ecosistema, continuidad y gobernanza
El manual organiza sus recomendaciones alrededor de tres conceptos: ecosistema, continuidad y gobernanza. No son ámbitos separados, sino tres condiciones que deben actuar conjuntamente para que la cultura contribuya al desarrollo territorial.
Ecosistema: conectar lo que ya existe
El concepto de ecosistema permite observar las relaciones entre agentes, espacios, infraestructuras e instituciones. Una actividad cultural aislada no constituye por sí misma un ecosistema, para ello es necesario organizar las conexiones entre artistas, asociaciones, bibliotecas, escuelas, ayuntamientos, empresas, agentes turísticos, organizaciones sociales y comunidades locales.
IN SITU recomienda abandonar el apoyo exclusivo a proyectos individuales y fortalecer las estructuras que permiten que las iniciativas aparezcan, cooperen y se repitan. Entre ellas se encuentran los centros culturales, bibliotecas, laboratorios ciudadanos, espacios comunitarios, agencias de desarrollo, redes informales y profesionales encargados de la coordinación. En este sentido. Una de las propuestas más relevantes del proyecto es el reconocimiento de los intermediarios como una infraestructura fundamental. Estas personas y organizaciones conectan sectores, traducen el lenguaje administrativo, facilitan colaboraciones y mantienen las relaciones cuando cambian los gobiernos, terminan las subvenciones o se agota el voluntariado. El manual también propone abrir edificios públicos infrautilizados —escuelas, bibliotecas, centros comunitarios, instalaciones deportivas o inmuebles vacíos— para su utilización cultural habitual. En determinados territorios, disponer de una sala accesible y estable puede ser tan importante como recibir una subvención. Las ICC deben integrarse, además, en las políticas de desarrollo rural, cohesión territorial, educación, turismo, sostenibilidad, economía social y especialización inteligente. Porque la cultura no debe permanecer como un sector aislado, porque muchas de sus aportaciones se producen precisamente mediante la conexión entre ámbitos diferentes.
Continuidad: dar tiempo para que los proyectos arraiguen
La segunda clave es la continuidad o como se ha venido llamando en los últimos años, sostenibilidad. El desarrollo cultural no urbano suele ser comunitario, acumulativo y vinculado a lugares concretos. Sin embargo, la financiación pública funciona frecuentemente mediante ciclos breves que exigen lanzar, ejecutar, justificar y cerrar un proyecto antes de que las relaciones generadas puedan consolidarse. Esta dinámica produce agotamiento, ya que habitualmente las iniciativas comienzan con entusiasmo, desaparecen cuando concluye la ayuda y, tiempo después, vuelven a presentarse como nuevos proyectos. Así, se pierden conocimientos, confianza, equipos y aprendizajes. IN SITU sostiene que la continuidad no debe considerarse una cuestión posterior a la innovación, sino una de sus condiciones. Para que aparezcan nuevas prácticas, las personas, los espacios y las relaciones deben permanecer el tiempo suficiente para aprender y trabajar conjuntamente. El manual propone subvenciones pequeñas pero plurianuales, ayudas de continuación, acceso estable a equipamientos, financiación del tiempo de coordinación y acompañamiento técnico. Es relevante cuando señala que si una iniciativa demuestra utilidad territorial, no debería estar obligada a comenzar administrativamente desde cero cada año como ya se viene haciendo en muchas administraciones con subvenciones directas nominativas. También recomienda adaptar la evaluación, debido a que los sistemas públicos suelen premiar el número de participantes, actividades o productos, pero no siempre registran si una colaboración se ha vuelto más estable, si una comunidad ha ganado capacidad organizativa o si una iniciativa resulta más sencilla de repetir. Los impactos cualitativos y de largo plazo deben formar parte de la evaluación.
Gobernanza: políticas próximas, comprensibles y participativas
La tercera clave es la gobernanza. Los programas europeos, estatales, regionales y locales operan mediante normas, calendarios y procedimientos diferentes. Esta fragmentación obliga a los agentes locales a navegar por un sistema complejo que consume una parte importante de sus limitados recursos. Una política no resulta efectiva simplemente porque exista, además ha de ser comprensible, accesible y adaptable a la realidad territorial. El manual propone simplificar formularios, utilizar un lenguaje claro, reducir la carga de justificación y establecer obligaciones proporcionales a la cuantía de las ayudas. La gobernanza de proximidad requiere también contactos claramente identificados dentro de las administraciones, donde los agentes culturales necesitan saber quién puede informar, tomar decisiones, facilitar el acceso a un espacio o resolver una incidencia. La ausencia de interlocutores definidos convierte los procedimientos ordinarios en barreras.
IN SITU distingue entre gobernanza horizontal y vertical. La primera corresponde a la cooperación entre los actores del territorio. La segunda, a la relación entre esos agentes y los diferentes niveles administrativos. Ambas deben conectarse para que el conocimiento local pueda influir realmente en las decisiones públicas, porque la participación no puede limitarse a convocar reuniones consultivas. Los foros locales, mesas de trabajo y coordinadores culturales deben disponer de una vía concreta para modificar procedimientos, prioridades, recursos o condiciones de acceso. De lo contrario, la participación se convierte en una forma de legitimación sin capacidad transformadora.

Continuidad, gobernanza y ecosistema, elementos clave para el desarrollo de proyectos culturales
La cultura como capacidad de innovación
Una de las tesis centrales del documento final del proyecto es que las ICC no deben considerarse únicamente beneficiarias de subvenciones culturales. Son actores de innovación porque pueden aumentar la capacidad colectiva de un territorio para identificar problemas, combinar conocimientos y experimentar soluciones. Esto es porque la innovación cultural en áreas no urbanas puede adoptar formas discretas. Por ejemplo recuperar un edificio vacío mediante gestión compartida, conectar una escuela con artesanos locales, utilizar herramientas digitales para interpretar el paisaje, crear una red entre cultura y economía social o establecer una programación conjunta entre varios municipios. Su valor no depende necesariamente de que el proyecto crezca o se reproduzca de manera idéntica en otros lugares. Una innovación puede ser significativa porque mejora la capacidad de un territorio concreto. A veces escalar no siempre significa aumentar el tamaño, también puede significar profundizar, consolidar o extender una práctica a través de relaciones cercanas.
Principales obstáculos identificados
El manual señala cuatro obstáculos estructurales como la falta de correspondencia entre los instrumentos públicos y las condiciones reales del trabajo cultural no urbano; la contradicción entre los ciclos breves de financiación y los procesos comunitarios, que necesitan tiempo; la invisibilidad del trabajo de coordinación e intermediación o la fragmentación entre cultura, innovación, desarrollo rural, educación, turismo y políticas sociales. A estos problemas se añaden la limitada capacidad administrativa de las organizaciones pequeñas, las dificultades de movilidad, la desigual disponibilidad de espacios, la dependencia del voluntariado y la concentración de decisiones en instituciones alejadas del territorio. Advierte además de determinados riesgos como participación meramente simbólica, agotamiento de voluntarios, excesiva dependencia de personas concretas, utilización de la cultura como marca turística, brechas digitales y traslado de modelos externos sin adaptación local.
Un itinerario práctico en cinco pasos
Además de formular recomendaciones, IN SITU propone un procedimiento para convertirlas en actuaciones locales.
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Comenzar con un problema concreto
No se debe partir de formulaciones generales como «necesitamos más cultura» o «hace falta coordinación». Es preferible identificar un bloqueo reconocible: falta de un espacio estable, desaparición de proyectos al terminar la financiación, inexistencia de un interlocutor municipal o agotamiento de las personas voluntarias. El problema debe formularse con lenguaje cotidiano y construirse con los actores afectados, no diseñarse para ellos después de una consulta superficial.
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Interpretarlo mediante las tres claves
El segundo paso consiste en determinar si el problema se relaciona principalmente con el ecosistema, la continuidad o la gobernanza: ¿Faltan conexiones entre agentes, espacios e instituciones? ¿Las iniciativas desaparecen por falta de financiación estable? ¿Las responsabilidades y procedimientos son confusos o inaccesibles? Esta lectura ayuda a localizar la causa estructural y evita responder automáticamente mediante una nueva actividad o convocatoria.
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Construir el grupo de actores
Debe reunirse un grupo pequeño, representativo y operativo. No es necesario convocar a todo el territorio, sino incorporar a quienes conocen el problema, pueden tomar decisiones, están directamente afectados o poseen capacidad para conectar sectores. La participación debe contar con condiciones materiales: horarios adecuados, accesibilidad, desplazamientos, conciliación y, cuando corresponda, compensación del tiempo dedicado.
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Diseñar una primera ruta de actuación
El manual desaconseja comenzar elaborando una gran estrategia. Propone una secuencia gradual: ajustes inmediatos: abrir un espacio, designar un contacto o crear un calendario compartido.; Estabilización: financiación plurianual, reconocimiento de intermediarios o acuerdos entre instituciones; Alineación y extensión: conexión posterior con programas regionales, nacionales o europeos. El instrumento debe adaptarse al momento. Los enfoques LEADER pueden ser adecuados para la movilización comunitaria; las estrategias de especialización inteligente pueden resultar útiles para inversiones regionales; y los programas europeos funcionan mejor cuando el territorio ya posee prioridades y relaciones internas claras.
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Comprobar si la iniciativa está arraigando
La evaluación debe comenzar desde el diseño y responder a preguntas sencillas como ¿qué ha cambiado? ¿qué ha continuado? ¿resulta más fácil repetir la actividad? ¿participan nuevas personas? ¿se depende menos del trabajo gratuito de una sola persona? ¿qué debería dejar de hacerse porque genera más carga que utilidad? Los números pueden emplearse, pero deben acompañarse de relatos breves, valoración comunitaria y aprendizaje compartido. Un resultado relevante puede ser que una actividad resulte más sencilla la segunda vez, más inclusiva la tercera y más estable posteriormente.
En conclusión, IN SITU resume su propuesta en siete cambios fundamentales:
- Pasar de financiar proyectos aislados a fortalecer ecosistemas.
- Reconocer a las ICC como agentes de innovación territorial.
- Diseñar políticas adecuadas a la pequeña escala y la realidad híbrida de los territorios no urbanos.
- Apoyar la continuidad, no solamente los proyectos piloto.
- Financiar la coordinación y reconocer a los intermediarios.
- Conectar las políticas culturales, rurales, sociales y de innovación.
- Simplificar procedimientos para que las ayudas sean accesibles a organizaciones pequeñas.
En definitiva, la cultura tiene la capacidad de generar innovación y desarrollo en los territorios no urbanos, pero no lo hace automáticamente. Necesita relaciones, espacios, financiación continuada, intermediarios, procedimientos accesibles y capacidad local de decisión. En estos casos el éxito no debe medirse únicamente por la cantidad de acontecimientos celebrados o por su visibilidad exterior. Una política cultural produce valor duradero cuando fortalece las capacidades del territorio, estabiliza sus redes, facilita la participación y permite que las iniciativas dejen de depender del esfuerzo extraordinario de unas pocas personas y se integran en el día a día del entorno en el que se producen.
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Fotografía de portada: Guadix (Granada).
Autoría: Daciana Cristina Visan
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