Rodrigo Sanz García es bailarín profesional formado en el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid. Tras finalizar sus estudios trabajó en el Ballet de la Ópera de Viena durante cinco años. Decidió volver a España para incorporarse a la Compañía Nacional de Danza, en la que trabaja desde 2012.

Paralelamente a su formación y trabajo, Rodrigo decidió realizar el Máster en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas el curso pasado.

Sus prácticas en el proyecto Dance4Job al que sigue vinculado y que se lanzará a principios de 2021, como iniciativa de emprendimiento para jóvenes que quieran aprender sobre gestión cultural en el mundo de la danza.

Hablamos con Rodrigo sobre su formación y experiencia como bailarín, de su opinión sobre el máster y acerca de Dance4Job.

¿Qué fue lo que te impulsó a dedicarte a la danza?

Fue de pequeño. Con ocho años mi madre me inscribió en una escuela de danza local, su argumento era que quería que me enseñasen a caer. A ella le apasionaba la danza y quería ver si a mí me llenaba también. No se equivocó.

Empecé haciendo danza clásica y a partir de ahí, la propia escuela y mis padres, entendieron que sería mejor que continuase mis estudios en el conservatorio. Empecé en el Conservatorio Nacional de Danza hasta los 16 o 18 años, que fue cuando tuve mi primer contrato. El gran cambio vino cuando me incorporé al Ballet de la Ópera de Viena.

¿Cómo fue tu experiencia en el Ballet de la Ópera de Viena?

Fue un sueño cumplido. No solo tuve la opción de formar parte del elenco de la compañía, sino que además pude participar en el Concierto de Año Nuevo que televisan el 1 de enero. Es uno de los eventos culturales más vistos en el mundo (tiene una audiencia estimada de 1.000 millones de espectadores en 54 países).

Estuve cinco años en esta compañía. La ciudad era maravillosa y la compañía espectacular, pero echaba de menos a mi familia. Aproveché que hubo un cambio en la dirección artística de la Compañía Nacional de Danza, lo que implicó un cambio de rumbo en la compañía, abriéndose a otras disciplinas. Esto me atrajo mucho y me incorporé un año después del cambio de dirección.

Rodrigo Sanz García

Rodrigo Sanz García. Fotografía de Jacobo Medrano

 

¿Qué te motivó a estudiar el Máster en Gestión Cultural de la UEMC?

Mis padres desde pequeño me han hecho consciente de que la carrera de bailarín es corta en duración y, a diferencia de otras disciplinas, las retribuciones no nos permiten poder vivir de ello durante el resto de la vida sin trabajar. Mis padres fueron muy insistentes y, a partir de los 18 años, no tuvieron que ser insistentes porque era yo el que lo veía por mí mismo y sabía que tenía que formarme de manera paralela a la actividad en mi compañía.

Cursé mi Grado de Estudios en Danza y estando en el conservatorio había muchos profesores, incluso en la Compañía Nacional de Danza, que me animaban a hacer algo relacionado con la gestión. No me di cuenta hasta ese momento de la curiosidad que me suscitaba la gestión y de la necesidad de llevarla a la práctica en mi disciplina.

Para mí había dos cosas muy importantes a la hora de elegir un máster. La primera es que el fuese oficial y la otra que pudiera hacerlo a distancia. Tenía muchas giras con la compañía y después de las representaciones, si yo estaba en China, eran las tres de la mañana y la clase empezaba a esa hora, me tenía que quedar despierto en la habitación del hotel escuchando asignaturas del máster. Si no hubiera sido a distancia habría sido imposible. Además, parece una locura, pero lo hacía con mucho gusto, era un espacio de desconexión con el resto de cosas que me rodeaban.

¿Cómo ha sido tu experiencia en el máster?

Honestamente, entré pensando que iba a estar un poco desubicado. Entendí que habría compañeros de otros campos, como derecho o administración de empresas, y que me iba a costar bastante sin una preparación previa que quizá yo no tenía comparado con otros compañeros. Sin embargo, desde el principio vi que estaba muy bien orientado. Daba un poco igual de qué especialidad vinieses porque el filtro que se había hecho desde el máster ya era de gente relacionada con la cultura que va a entender los conceptos y asignaturas. Para mí eso ya fue un punto a favor.

La experiencia, en general, ha sido maravillosa. Se lo comentaba al coordinador hace unos días, me ha dado mucha pena que se acabase porque ha sido un año muy bonito y no ha supuesto un esfuerzo para mí, después de los ensayos, sentarme a ver las clases y hacer las actividades. Ha sido una experiencia muy grata.

¿Qué tal las clases online?

Muy bien. De otra manera no habría sido posible para mí estudiar este máster en gestión cultural. Luego, a colación de la pandemia aún más, pero con mi actividad el tema de las clases online fue determinante. Era un requisito mínimo. Dentro de la oferta que había, evalué positivamente tres o cuatro opciones y vi que el programa de la Universidad Europea Miguel de Cervantes era muy práctico y muy real.

¿Qué es lo que más destacarías del máster en gestión cultural?

Todo. Quizá, especialmente, los profesores, que vienen cada uno de áreas distintas y están muy actualizados, están muy al día.

¿Cómo el proceso de prácticas?

Fue muy ágil. Se lo comenté al coordinador del máster, Santiago Arroyo. Yo quise aprovechar el tiempo del confinamiento, en el que no había trabajo en mi compañía, para hacer las prácticas. Me sorprendió lo rápido que fue y la cantidad de soluciones que me dieron. En tres o cuatro días Santiago me dio unas seis opciones. Le escribí para decirle si había algo relacionado con la danza y en dos días me comentó que había un proyecto para jóvenes emprendedores (Dance4Job) que había que desarrollar.

La coordinadora, Malu Balado, tenía ya el boceto muy elaborado y yo, desde un punto de vista artístico, tenía que organizar una de las partes del proyecto (D4Job+) que es la creación de una pequeña compañía en la que se va a desarrollar una producción. Es en eso en lo que he estado trabajando con las prácticas y sigo vinculado al proyecto.

¿En qué consiste el proyecto Dance4job?

Son unos cursos teóricos de emprendimiento en danza y a raíz de ellos, con los jóvenes que hayan participado, se convocarán unas audiciones para crear una compañía de danza con el fin de que los alumnos vean desde dentro cómo funciona. La idea es que no solo participen como elenco, sino que vean la elaboración y cómo se lleva a cabo un proyecto. Van a estar viviendo la misma experiencia que nosotros: emprender en un nuevo proyecto y bailar en una compañía.

¿Cuál es tu labor dentro de esta iniciativa?

Llevo la gestión artística. Elaboración de ensayos, determinar qué ensayo va a haber, el elenco, la coreografía, evalúo distintas partes de la coreografía, que la desarrollo yo y también el tema de la dramaturgia y el proyecto. Es necesario acotarlo, ya que la coreografía original que se propuso era demasiado larga y hubo que reducirla, por ejemplo. Digamos que me ocupo de toda la parte artística relacionada con la danza.

Como bailarín profesional, ¿qué necesidad real había de un proyecto de este tipo?

Era muy importante. Hay una carencia muy grande en este país de danza clásica o neoclásica. Cada vez son menos las compañías que se dedican a esta disciplina y poder contar con un proyecto que ayuda a acercar lo más clásico al público, que tanto nos cuesta ver en nuestro país, es un lujo. Un lujo tanto para el público como para los participantes de Dance4Job.

 


Entrevista realizada por Silvia Panadero para el Blog del Máster Universitario en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas, MasterGestionCultural.Info

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