Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) es escritora y editora.

Ha publicado seis poemarios y una novela. Ha colaborado en medios como Público, eldiario.es o El Cultural; además ha trabajado durante seis años en Playground y, actualmente, es editora en Caballo de Troya una editorial que se dedica a descubrir los talentos más jóvenes y que forma parte del grupo Penguin Random House.

Tenías 19 años cuando publicaste tu primer libro (Estar enfermo, La Bella Varsovia, 2010), ¿es una ventaja publicar siendo tan joven?

Depende de cómo se mire. Conozco gente que ha publicado muy joven y gente no tan joven y las dos cosas llevan a cada uno a unas conclusiones. En mi caso creo que me ha permitido plantearme ciertas cosas, siendo más joven, que a lo mejor hubiese tardado más en pensar. Es decir, la gente ya me había leído, podían opinar sobre mis textos, había recibido muchas críticas, había tenido mucha experiencia que me ha permitido, ahora estando cerca de la treintena, hacer cosas que no hubiera hecho a esa edad. Como lectora me gusta mucho leer lo que está publicando la gente joven en el mundo de la poesía o leer las primeras novelas de los autores que me interesan, también para ver una evolución. Creo que realmente no determina mucho, te ayuda a mirar hacia atrás y ver tu propia trayectoria y no repetir errores. Me parece que una forma bonita de ver la biografía de un autor es a través de su bibliografía.

Has trabajado en Playground, eldiario.es, El Mundo y ahora Penguin Random House, ¿consideras que tu faceta de periodista complementa tu faceta más pura de escritora? Es decir, ¿te planteas algún día dedicarte a escribir solo narrativa y poesía, dejando atrás el periodismo?

Concibo el periodismo como una manera más de ser escritor. Tanto por mi formación, como por mis intereses, todo forma parte de lo mismo. Una de las cosas que más odio, muy personal y muy tonta, es cuando alguien redacta una biografía sobre una persona que ejerce el oficio de periodista y pone “periodista y escritor”. Ser periodista también es ser escritor, solo que con otras técnicas y registros, con otro propósito diferente al de una novela o poemario. Sin duda creo que a mí me ha servido mucho para posicionarme y distinguir entre formatos. Cuando he escrito poesía o ficción, todo lo que he aprendido del periodismo me ha ayudado a informarme o investigar sobre lo que estoy escribiendo, creo que esa es una de las bases de la escritura, además de recopilar toda la información posible sobre lo que estás escribiendo para formarte tu propia opinión.

Por otra parte, estoy convencida de que ahora mismo, en España, los escritores que más sigo son periodistas. Por ejemplo, en Caballo de Troya, donde estoy editando actualmente, publicamos libros de escritores jóvenes y la mayoría de ellos vienen del periodismo. Es curioso porque son escritores que quizá se atreven a rellenar la página en blanco con más facilidad de la que pueda tener alguien que nunca se ha aventurado a escribir una novela. Me interesa mucho lo que está pasando en España porque hay firmas como Noemí López Trujillo, Eudald Espluga, Víctor Parkas, que están a diario en la prensa publicando y, además, su faceta más literaria es muy interesante. Creo que es un fenómeno curioso que podría definir un poco el momento que estamos viviendo ahora.

¿Cómo ves hoy en día la situación del periodismo actual?

Es un momento evidentemente precario. Cuando yo estudiaba periodismo, empecé en 2008, el año de la crisis, ninguna previsión era buena para nosotros. Odio la palabra emprendedor, pero creo que estamos en un momento en el que el periodista es emprendedor de sí mismo, como figura. El ejemplo que ponía antes de Noemí López Trujillo, que es alguien que ha estado errando entre distintos medios, que siempre ha denunciado la precariedad laboral con la que ha trabajado y con la que ha ido siendo freelance de una manera muy precaria. Al mismo tiempo ha conseguido hacerse una firma y es una de las periodistas actuales que la gente reconoce porque ha hecho una marca de sí misma; ha tratado temas como la violencia de género, los crímenes machistas en España, entre otros. Ella ha marcado tendencia en estos temas con su firma, especialmente acerca de cómo escribir sobre las víctimas, ha hecho un trabajo muy grande que ha sabido gestionar sin tener ningún medio fijo en el que poder ser leída, colabora con muchos.

Estamos en un momento en el que el periodista como tal, como firma o como “marca”, es importante porque las cosas son muy volátiles. Yo he estado seis años en Playground, que parecía que era un sitio estable, hasta que de repente te das cuenta de que no, que ni siquiera depende de sí mismo sino de terceros y cuando dependes de terceros tu medio va a ser volátil. Me gusta mucho eldiario.es, que no depende de terceros o esos terceros son sus propios socios y no empresas. Ahí hay un juego mucho más honesto de cara a la audiencia. Nos ha costado, en general, adaptarnos a las nuevas tecnologías, son pocos los medios que hacen cosas interesantes en Instagram o, incluso, en Twitter, pero creo que poco a poco se va a ir asentando. Ahora hay una figura que me interesa mucho que es la del community manager/periodista, es decir, periodistas que trabajan con las redes sociales en lugar de escribir sus artículos al uso. Estamos en un momento de mucha volatilidad, de mucha precariedad y eso exige mucha imaginación y mucha fuerza de voluntad y luchar por poder seguir contando lo que quieres contar a pesar de que las condiciones sean adversas.

¿En qué consiste exactamente el oficio de editor?

Para mí es descubrir voces emocionantes. Ser editor, se podría decir, es el trabajo que más subjetividad te permite tener, al fin y al cabo publicas cosas que te emocionan y que, según tu criterio, muestran una realidad y marcan unas tendencias que nadie más está mostrando. Es una manera de bucear. Antes mucha gente escribía, pero ahora se puede publicar y por eso parece que escribe más gente. Las redes sociales son un reto para un editor porque tienes que diferenciar qué merece la pena y qué no. Lo pienso con la edición de cómic, Instagram es un hervidero de gente haciendo sus propias viñetas, sus historietas, parece que el mundo del cómic ha dado un vuelco con todas estas firmas que vienen de las historietas de Instagram. El reto del editor no es publicar lo que tenga 200 000 seguidores, sino saber canalizar el talento.

¿Se publican realmente los libros de mayor calidad?. Por ejemplo, hay muchos libros ahora de youtubers o influencers, ¿hace eso la competencia a aquellos que quieren realmente ganarse la vida publicando o escribiendo?

En este caso me parece que los libros de youtubers, para mí, son una forma más de merchandising de esa persona. Igual que se pone a la venta la camiseta con la cara de alguien de  Operación Triunfo, se tiene que publicar su libro con sus memorias que, seguramente, ni siquiera ha escrito esa persona. Me parece que forma parte de un proceso mucho más complejo que solo el mundo editorial. Realmente lo que se publica, en ese caso, es merchandising de una persona que es famosa en redes, por lo tanto, no creo que le esté quitando el sitio a nadie. El otro día, por ejemplo, estuve en un festival de poesía emergente en Alcalá de Henares y se habló mucho de los poetuiteros. Eso me hizo recordar cuando yo era adolescente y empezaba a leer poesía, a veces iba a La Casa del Libro o librerías algo más mainstream, y era muy difícil encontrar poesía, apenas había cosas. Ahora vas a La Casa del Libro y parece que hay una sección de poesía donde están estas voces de influencers y gente con muchos seguidores en redes sociales, que se etiquetan y catalogan como poesía. Yo me planteaba que cuando alguien dice “estos poetas están <<quitando el sitio a poetas de verdad>>”, ¿realmente le están quitando el sitio?. Cuando yo iba a buscar poesía a esas librerías tampoco estaba esa “poesía de verdad”. Evidentemente haría falta un filtro mucho más amplio y exigente a la hora de publicar cualquier cosa (poesía, ensayo). Sí considero que ahora se están publicando muchas cosas sobre feminismo que creo que, quizá por la urgencia del momento, salen de manera muy precipitada. Creo que esto pasa con la industria, va tan rápido todo que se publica precipitadamente y se crean tendencias que son igualmente volátiles y que las grandes editoriales se intentan aprovechar de esas modas todo lo que pueden, muchas veces sin pensar en las consecuencias. A veces podríamos tener entre manos a un autor maravilloso, pero por la prisa de publicarlo ya y con un tema específico a lo mejor perdemos la oportunidad de dejarle crear.

¿Hasta qué punto tienes libertad como editora? ¿Eliges uno de los manuscritos que os llegan e intentas que se publique?

Te voy a poner el ejemplo de lo que nos ha pasado en Caballo de Troya. Por un lado, nos llegaban manuscritos que nos interesaban y, directamente, trabajábamos con sus autores, porque creo que esa parte es muy importante. Muchos autores jóvenes se quejan de que no tienen casi edición por parte de sus editores porque todo va muy rápido. Una de las cosas que nos obsesionaban a Antonio (J. Rodríguez, editor en Caballo de Troya junto con Luna) y a mí con Caballo de Troya era trabajar con los autores, poder leerlos mucho y meter mucha mano para que el texto salga lo mejor posible. No solo a nivel de contenido sino también en cuanto al envoltorio. Se publican tantas cosas que hay que hacer algo para que ese texto que, a ti como editor te emociona, pueda llegar al público que sabes que tiene que llegar. Hicimos un cambio de diseño en la editorial, todos los libros son de color rosa, con una estética más juvenil, más millennial, como dicen algunos. Me interesaba mucho pensar en todas las fases por las que pasa el libro mientras lo editas. No solo “esto me gusta, lo contrato y ya se publicará” sino pensar en cada una de las fases. Acompañar al autor desde que firma el contrato hasta la corrección, la edición o la promoción y el después. Muchas veces se acaba la promoción del libro y es como si libro y autor ya no existieran. Una de las obsesiones que tengo como editora, y que un proyecto pequeño como Caballo de Troya me permite, es hacer ese seguimiento de los autores y casi cumplir con funciones de agente o acompañante porque creo que si no estaríamos muy perdidos. Pasaría lo que ocurre muchas veces ahora, se van publicando libros y a los dos meses nos olvidamos de ellos.

¿Crees que la poesía es un género que los jóvenes pueden entender bien hoy en día? ¿Se han adaptado los códigos para hacerla más accesible?

Creo que realmente no es que se hayan cambiado los códigos a nivel de contenido de la poesía. Hay editoriales como La Bella Varsovia, en la que yo publico, que han conseguido llegar a mucho público joven y tener gran éxito. Está, por ejemplo, el libro Cuaderno de campo de María Sánchez que lleva ya unas 13 ediciones, se publicó hace dos años y sigue vendiéndose. Es un libro que se vende porque está ese acompañamiento de los editores del que hablábamos y porque creo que ese cambio de registro se ha dado, no ya en el texto, sino en cómo el autor habla con su público en redes sociales y cómo la editorial habla con el suyo también a través de internet. La Bella Varsovia tiene un club de lectura y todos los meses eligen un libro de la propia editorial y lo comentan con la audiencia, hay un trato de tú a tú con el lector. Eso hace que, inevitablemente, mucha gente que no se atrevía a leer esos libros quiera leerlos. Más que un cambio de registro dentro de la poesía para hacerla más fácil, que no me interesa porque no considero que la poesía sea difícil de por sí, creo que es un cambio de registro dentro en cómo se comunica la poesía. También dentro del periodismo porque hay más poetas en los medios de comunicación. Cualquier día te metes en Babelia, El  Cultural o cualquier suplemento literario y la cantidad de novelistas que hay por la cantidad de poetas que hay es inmensa. Se hace una reseñita en un espacio, no se le dedica una portada a un poeta. Todo el mundo está esperando la novela de Javier Marías, pero nadie espera el último poemario de Pilar Adón, o eso parece, a lo mejor sí, pero como periodistas no nos hemos atrevido a poner a los poetas en primer lugar. Son vicios que se van creando y, de repente, nos hemos dado cuenta de que la poesía interesa a más gente, pero nosotros mismos la escondíamos.

¿Qué es exactamente los libros de Luna? ¿Cuál fue tu propósito inicial al crear este movimiento y cuál es tu propósito ahora?

Esto empezó en enero de 2018, pero lo dejé aparcado en diciembre porque empezaron a surgir muchos clubes de lectura en Instagram, que es bonito porque todo el mundo puede unirse a uno o apuntarse a diferentes, pero yo decidí parar un poco para respirar. Al final he dejado Los libros de Luna para reseñas y otras cosas. Vi el éxito que tenían los clubes de lectura de ciertas actrices de Hollywood y pensé que era raro que en España no hubiera ninguno en Instagram. Además, se unió con que mucha gente me escribe por redes sociales para pedir recomendaciones y me di cuenta de que, quizá con un club, eso se podría canalizar. Es sintomático de que los medios de comunicación volvían a fallar, ya que la gente más joven tiene muchas dudas acerca de por dónde empezar a leer o qué novedades literarios merecen la pena.

Al final yo creo que la gente se va a fiar más de ti porque te ha leído o te conoce que de un periódico.

Sí, son los prescriptores. Hay firmas muy bonitas en las redes sociales que van recomendando libros y que se han convertido en una parte muy activa del sistema editorial, ya que mueven muchos lectores y eso genera compras. A las editoriales al final les interesa tener a estos prescriptores entre sus filas.

¿Qué debería hacer un joven que quiera publicar hoy en día?

Para mí lo primero es no tener prisa, está mal que lo diga yo (risas), pero todo llega y no hay que esperar 10 años, sino no impacientarse en el día a día y en la comunicación con editoriales. He visto cómo me escribían a Caballo de Troya, que publicamos no ficción y narrativa más independiente, personas mandando novela histórica. Es fundamental tener un mínimo conocimiento de lo que es el mundo editorial actualmente, qué editoriales hay, dónde se puede publicar y, sobre todo, cuáles te gustan. Muchas veces me escriben personas jóvenes diciéndome que no saben dónde publicar su poesía, lo primero que yo les pregunto es qué editoriales les gustan. Es gente que no sabe qué editoriales hay y uno de los primeros pasos es conocer un poco lo que están haciendo los demás, porque si tú quieres publicar es porque te interesa ese género, la literatura, y tienes que estar al día de las editoriales que hay. Creo que esto es muy importante. Se dan muchos consejos del tipo “sigue tus sueños”, “escribe lo que quieras”, “tienes que estar a gusto con tus versos” y sí, pero también tienes que conocer el mundo en el que estás y leer mucho a tus compañeros dentro de la editorial. Hay que hacer un ejercicio de humildad y de mucha lectura para saber quién eres tú dentro de ese mundo y no repetirte ni copiar. Mi mejor consejo para un escritor joven es leer, leer y leer, leer muchísimo.


Entrevista realizada por Silvia Panadero para el Blog del Máster Universitario en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas, MasterGestionCultural.Info

Fotografía: Luna Miguel por Martina Matencio

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