Elena Rosillo es una profesional que ha desarrollado su carrera en tres vertientes diferentes, pero todas relacionadas con la música: periodista, docente e investigadora. Ha trabajado en radio con un programa propio llamado The Rosillo’s Rover Radio Show y ha colaborado con medios como SON Estrella Galicia, Ruta66, Port Magazine, Jenesaispop, La Marea y El País.

Como docente ha impartido clase en el Máster en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas y forma parte del claustro de la Universidad Europea. También es programadora de conciertos en salas, concretamente lo ha sido en el Café La Palma y, actualmente, desde julio de 2020 en la Sala Vesta, en el centro de Madrid, que ha tenido que sortear todas las trabas impuestas por la pandemia de la Covid-19. 

¿Por qué decidiste especializarte en música?.

Siempre me gustó la música, pero nunca me había especializado en ello. Empecé trabajando en un banco, en el área de comunicación. A los 22 años tenía la sensación de que estaba encerrada y me preguntaba: “¿Es esto la vida? ¿Levantarme para ir a una oficina, ganar poco, comerme tres horas de transporte público y ya está?”

En esa época le diagnosticaron cáncer a mi madre y a los nueve meses murió. Eso fue el desencadenante para darme cuenta de que yo no quería hacer eso y en cambio quería hacer algo que me gustara, me llenara y me hiciera sentir viva. Durante esos meses de duelo lo único que me consolaba era ir a conciertos pequeños en salas, algo que no había hecho habitualmente. Empecé a meterme cada vez más en el mundo de los conciertos hasta que me hice un blog, me lo abrí de la nada, porque no tenía experiencia en periodismo cultural. El blog tuvo, por suerte, bastante buena acogida y me llevó a tener un programa de radio, a raíz del cual me cogieron en otra emisora y fue una época bastante bonita. Ahí fue cuando comencé a especializarme en música.

Más adelante di el salto a programar una sala de conciertos, cuando ya tenía unos 27 años, y me quedé ahí. Estoy muy contenta porque, si lo pienso, es lo que quería hacer. No lo habría articulado de esta forma, pero es lo que quería hacer.

Elena Rosillo

¿Cómo combinas tus facetas como investigadora, periodista y gestora cultural?.

Para mí son lenguajes distintos. Hay gente que habla inglés, francés y japonés y yo hablo lenguaje académico, divulgativo y especializado, por así decirlo, pero al fin y al cabo es lo mismo. Es escribir sobre una escena muy concreta que es la música underground, sobre todo en Madrid, y para mí todo parte de lo mismo, que es la investigación.

Cuando cierro un bolo en la sala tengo que hacer un trabajo de investigación para ver quién es el artista o grupo, si va a poder llenar la sala, si concuerda con la personalidad de la Sala Vesta. Todo parte de un trabajo de investigación. Es verdad que en el ámbito académico el público que va a leer esa investigación es distinto, pero no del todo, porque al final los académicos también son personas y si les gusta la música se van a leer el Ruta 66 o una recomendación de música que pueda escribir en La Marea. Para mí todo tiene que ver con lo mismo.

La gente me dice que debería especializarme, pero me parece que ya no puedo estar más especializada. Al final yo escribo sobre música underground en Madrid. En mi sala, Vesta, programamos casi todo mujeres porque somos un equipo formado en un 99% por mujeres y queremos que eso se refleje en la programación. No es imposible, pero es muy difícil llegar a ese 90% de artistas femeninas, porque es complicado hacer una programación de miércoles a domingo solo con mujeres y tener la sala llena, pero también estoy muy especializada en eso. Me parece que todo parte del área de la investigación y la divulgación.

¿Cuándo abrió la sala de conciertos Vesta?. ¿Cómo valoras este año pandémico en la gestión de la sala?.

La sala abrió en julio de 2020, justo hace un año. Ha sido muy agridulce. Yo estoy muy contenta porque una de las cosas que más me perturbó durante el confinamiento era ver cómo el ocio nocturno era demonizado, cómo se decía que la cultura no era segura, que no se podían abrir las salas de conciertos porque iba a ocurrir lo peor. Incluso ahora se está empezando a demonizar a los jóvenes por hacer lo propio que hacen los jóvenes después de un año sin poder ver a sus amigos y demás. Esto era algo que me frustraba y me ponía muy nerviosa. Una de las cosas que he descubierto de este año de programación es que la gente sí confía en la cultura, sí quiere ir a conciertos y es capaz de comportarse de manera responsable en un evento cultural y musical, que era algo de lo que se dudaba. Pues sí, te puedes tomar una caña y no liarla parda y, además, ver un concierto y no contagiar a nadie. De hecho, ahora, en festivales como Cruïlla se está haciendo el experimento de hacer pruebas de antígenos a la entrada para que la gente esté con mascarilla, pero sin distancia de seguridad y eso me parece un avance. El virus se va a quedar entre nosotros y espero que sea algo que se pueda traducir a las salas de conciertos si esto no mejora mucho o a corto / medio plazo.

En ese sentido me siento muy satisfecha de ver que existe una respuesta pública al trabajo que hacemos en la sala y a la vez es muy triste tener que ver conciertos con las restricciones tan surrealistas que nos imponen. No me cabe en la cabeza que yo para ir a mi sala tenga que meterme en un vagón de metro sin distancia de seguridad, con gente hacinada en un espacio sin ventilación y eso sea correcto y no se persiga, pero en mi sala, como hay música en directo, no puedo estar cerca de gente que conozco y que son mi núcleo de convivencia, los amigos que veo a diario, y se me trate como fuera a liarla en cualquier momento. Esta incongruencia me pone muy triste y, aparte, es muy jodido realizar conciertos de esta manera, para los artistas también, no es lo mismo subirse a un escenario viendo a la gente con mascarilla, sentada y sin poder moverse. Creo que se echan mucho de menos los conciertos de antes.

¿Dentro de la sala que restricciones hay?.

Deben llevar mascarilla y debe haber un metro y medio de distancia entre grupo y grupo, entre unidad de convivencia y unidad de convivencia, por así decirlo.

Nosotros vendemos lotes de entradas, reservados, una mesa de cuatro, una mesa de dos, una mesa de tres, para quien vaya con sus amigos, su familia o su pareja, que puedan sentarse juntos, pero que tengan que estar a un metro y medio de distancia del resto.

Mi sala normalmente tendría un aforo de 120 personas y estamos programando con 46, menos de la mitad. El rédito económico que pueda tener un evento no es ni remotamente el mismo que podría tener si tuviéramos el aforo completo. Para programar conciertos lo que más importa es el aforo, cuántas entradas puedes vender, si nos limitan de esta forma, no es solo que el grupo no vaya a tener todo el beneficio que podría sacar, sino que nosotros con la barra, que es realmente lo que le da el rédito económico al local, estamos haciendo menos de la mitad.

¿Cómo ha ido el año para la sala, a pesar de esto que me cuentas, en cuanto a la acogida del barrio en el que está?.

Estoy bastante contenta porque hay movimiento y gente que no conocía la sala ahora la conoce. Hemos tenido unas limitaciones bastante terribles porque nos hemos tenido que bajar el sueldo, prescindir de personal, de muchos servicios que queríamos dar el primer año de vida para poder nacer a bombo y platillo.

Aun así, con todo, el boca-oído dentro de la propia ciudad, y haber sabido programar cosas que a la gente le gustan, ha hecho que crezca, que estemos recibiendo propuestas de grupos que se quieren dar a conocer, que haya venido gente motu proprio a verla… creo que nos podemos dar con un canto en los dientes y sentirnos orgullosas de que en nuestro primer año de vida hayamos conseguido una posición dentro de Madrid, con toda la oferta musical y cultural que tiene, y además tengamos la sala llena.

Me parece un éxito, pero a nivel económico solo hemos llegado a cubrir gastos, que ya es una victoria, pero evidentemente un negocio no se puede mantener quedándose a cero, dependemos totalmente de lo que ocurra en los próximos meses, de que sigan llegando subvenciones y patrocinios porque de eso es de lo que estamos viviendo.

¿Cuáles son los pasos que se siguen a la hora de organizar un evento musical?.

Elena RosilloPuede iniciarse el proceso por dos cauces. Uno es que yo encuentre por redes, o me hablen de un grupo, o me encuentro con una música en la radio que me gusta y contacto. El otro es que un grupo que quiere tocar en la sala y dar su primer concierto contacte por redes sociales o por el correo de la sala, y pregunte mandando un correo bien redactado, con un dosier adjunto para que yo tenga más fácil la investigación y pueda ver si encaja con la propuesta de la sala o no. Por ejemplo, miro el perfil de un grupo en redes sociales y veo que con base en el número de seguidores que tienen quizá se pueda llenar la sala y sea conveniente, también es importante el estilo de música, que suele ser indie-pop o indie-rock, además si toca una mujer con letras de índole feminista encaja perfectamente.

Lo siguiente es hablar con el grupo o artista, comentarle las condiciones y adecuarlas al proyecto, esto último porque igual le viene mejor una cosa que otra, mandarle el rider para que vea si lo que tenemos en la sala le puede interesar. Una vez concretada la fecha entra en juego el técnico de sonido, que es el que va a llamar al artista para ver qué necesita, cuánto tiempo necesita de prueba de sonido, entre otras cosas, eso sería la preproducción. En la producción ya estaría el grupo con la prueba de sonido, la encargada de sala, la taquillera, estoy yo o a veces no, y esta el técnico de sonido. Eso es solo para un evento, nosotros hacemos cuatro a la semana. Lo que parece fácil y sencillo cuando lo cuentas así cuando se multiplica por cuatro es más complicado.

Lo último es ya la venta de entradas y promoción, que es algo que recae más en los artistas. La sala ayuda a la promoción, pero no es lo mismo publicitar un concierto que cuatro a la semana, que son veinte al mes. Al final el propio músico tiene que aprender a mover las redes, su público, generar expectación por el evento y llenar la sala. Tocar en una sala no deja de ser un paso más en el desarrollo de la carrera musical de un proyecto. Te tienes que enfrentar a ir a riesgo y tienes que enfrentarte a que recae sobre ti la responsabilidad de llenar la sala, a menos que sean salas con público propio, pero eso suele ocurrir cuando el público va a escuchar o ver determinado género. Por ejemplo, en el Café Comercial hay público propio, pero le da igual quién esté tocando porque ellos van a escuchar jazz. Si quieres generar un público propio que venga a verte a ti te tienes que enfrentar a llenar tú la sala.

¿Cómo ves, en general, el futuro de la gestión cultural?.

Tengo una sección de opinión en El País que la escribo desde el futuro. Escribo desde el futuro sobre el pasado para crear un poco de distancia. Lo que creo es que ya no podemos salir del sistema, nos ha engullido y hay una frase que se repite mucho y que dice que es más fácil pensar en el fin del mundo que en el fin del sistema capitalista, eso es verdad. La única forma de salir del sistema es jaqueándolo desde dentro, algo que las redes sociales hacen y no hacen a la vez, porque son una herramienta del sistema, al tiempo que se pueden encontrar muchas disidencias. Al final la cultura underground se define por ser el caldo de cultivo de lo que estará de moda mañana. El mainstream fagocita las tendencias que surgen en este caldo primigenio. Si el underground deja de serlo porque no hay posibilidad de desviación, se convierte en una burbuja aparte de la que es poco probable salir y a la vez el mainstream se convierte en una burbuja independiente en la que es imposible entrar, salvo excepciones.

Veo que la combinación de las redes sociales, que son buenas y malas a la vez, son las redes de Schrödinger, y la gestión cultural que se ha dado a raíz del coronavirus, ha hecho que se esté creando un mainstream en el que es imposible entrar y en el que las discográficas tienen mucho peso. Se crean productos culturales totalmente artificiales para consumo generalista y luego está el underground haciendo sus cosas que cada vez son más constreñidas. Y que esas dos burbujas estén totalmente separadas me parece un riesgo a largo plazo. Si vas a una sala es porque tienes un proyecto a largo plazo de querer entrar, aunque sea marginalmente en el mainstream, que te escuche la máxima gente posible. Si no quieres que te escuche nadie realmente se acaba con una industria, se acaba con el underground. Si no hay puerta de entrada a la industria mainstream, la única puerta de entrada va a ser Operación Triunfo y similares, totalmente constreñido al sistema y lo que este quiere de ti.

Es peligroso que la disidencia se convierta en un disfraz. La música es un arma poderosa porque es trasversal a toda nuestra historia, naces con música, creces con música y te mueres con música. Cuando una da a luz se le recomienda escuchar música relajante y cuando uno se muere se pone su canción favorita y partiendo de ahí… te enamoras con música, la música te enseña cómo enamorarte, la música va a ser la canción que compartes con tu pareja, etc. Es imposible huir de la música y el hecho de saber lo que estamos escuchando es muy importante.

¿Cómo ha sido tu experiencia como docente en este máster en gestión cultural?.

Estas han sido de mis primeras experiencias docentes porque yo me saqué la tesis hace relativamente poco y, como buscaba profesionalizarme en el sector más que hacer carrera en la universidad, me ha costado un poco más empezar a dar clase. Dentro del máster me ha hecho mucha ilusión ver que los estudiantes ya venían muy preparados de antes. Yo hago algo muy específico que es cultura de salas, cultura underground, cómo programar una sala, gestión de grupos emergentes. Me parece muy importante aprender desde el principio cómo funciona todo, al ser algo minoritario, me esperaba que hubiera mucho más desconocimiento del sector que el que luego vi.

Pensaba que al ser online sería todo mucho más encorsetado, los típicos estereotipos que tenemos con la formación online, que pensamos que es poco personal y no se puede participar, pero esto es mentira. Dependiendo de a los grupos a los que das clase te das cuenta de que cambia todo el discurso. En mi caso, al ser una masterclass, quería que fuera cercana y que se resolvieran dudas de los alumnos, llevar la clase por donde más les interesa a ellos. En general, me da la sensación de que los chavales tenían mucho conocimiento de lo que es la cultura underground, lo que significa y lo importante que es saber gestionar algo desde la base. Me parece que es gente que tiene mucha curiosidad, que ha estado muy atenta, y que las clases han sido muy enriquecedoras incluso para mí porque me he llevado hasta nombres de grupos que no conocía.


Artículo redactado por Silvia Panadero para el Blog del Máster Universitario en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas, MasterGestionCultural.Info

¿Alguna duda? ¡Por favor, contacta con nosotros!

De acuerdo con lo establecido en la legislación de protección de datos de carácter personal, le informamos de que los datos personales que pueda facilitar a través de esta web serán tratados automatizadamente con la finalidad de dar respuesta a su solicitud y/o consulta.

Máster Universitario en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas

+ Información

Descarga este documento con toda la información sobre el Máster

El Máster en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creatias, recibe una valoración global en los indicadores de calidad de 4,8 puntos sobre 5, siendo el mejor valorado de la Universidad Europea Miguel de Cervantes. 

Indicadores del máster

Curso 2021/2022 ¡Plazo de matrícula abierto!

Máster en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas

Inicio: Octubre de 2021

Compartir